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Llevo unas noventa páginas de “Fiebre en las gradas”, no me da tiempo a acabarlo. No hay sido una semana fácil en general y creo que no recuerdo cuando fue la última semana en la que tuve mucho tiempo para leer. A pesar de todo he acabado cuatro libros y un cómic durante el mundial. Menos de lo que me hubiera gustado. De “K-Punk” llevo ciento sesenta páginas y tampoco lo acabo antes del lunes. No pasa nada, los acabaré la semana que viene. Nick habla sobre la muerte y sobre dejar cosas inacabadas en las páginas que he leído hoy: si Nick fuera un autónomo español pensaría en quién iba a abrir la tienda si se muere. Va a una final de copa y pierde, normal, que ser un hincha del Arsenal en los setenta era como ir con España en el siglo XX. Creo que el domingo lo voy a pasar fatal durante el partido y que luego me dará todo un poco igual y me sentiré culpable de no sufrir lo suficiente la derrota (o la improbable victoria) que, obviamente, veo llegar en el horizonte.
Salgo tarde de la librería y dudo entre oír música o poner alguna radio con el partido. Me decido por la clásica y pongo el último episodio de la temporada de “Música antigua”. Me dejo llevar por la atmósfera mientras camino por una ciudad asfixiada y gris, un tanto vacía. Veo a un grupo de chicas con la camiseta argentina que me recuerdan que no llego al principio del partido. En la radio del coche: tanganas, quejas sobre el árbitro que está dejando pegar a Argentina --sorpresa-- y la estupidez habitual de los programas deportivos. Hay un desfase entre las caras desencajadas continuamente de los argentinos, la angustia de los ingleses y la tranquilidad con la que vamos hablando y viendo el partido el Pequeño y yo. Debería de ganar Inglaterra pero los argentinos están en una misión y parecen personajes de una extraña secta de algún cómic distópico. Esta mañana he visto el resumen largo de Dazn: sólo hay que ver cómo cantan el himno para comprender que les sucede algo extraño. Bellingham conduce y recibe. Messi aparece poco. El árbitro tiene cara de estar pensando en cómo sortea el partido para no cometer errores y seguir medrando en FIFA. Descanso. Hago una tortilla de patatas con un resto de papas a lo pobre y con el Pequeño pegado a mi espalda pidiendo que la deje poca hecha. La sartén está vieja y la tortilla tiene un aspecto regular pero está buenísima. Empieza el partido y me gusta más la tortilla que el juego. Marca el chaval que ha fichado el Barca y que es el que tiene más pinta de guiri de todos y que podría estar tomándose un año sabático en el Albaicín porque quiere entender bien a Yeats y sus padres, bueno, sus padres se lo han financiado y él está descubriendo el sentido de la vida y la luz del sur. Esa gente existe.
El drama argentino es inenarrable. En el Komando se plantean qué pensará Mariana Enríquez de las tanganas: qué va a pensar, es argentina, lo verá como parte del negocio, tonterías las justas. Después del gol, el partido se toma un respiro, hay otra ocasión inglesa y un paradón de ese señor que podría haber sido pipa de los Pogues y ahora es un buen portero inglés. Pausa de hidratación. Tuchel comienza a suicidarse y mete otro central. Scaloni hace triple cambio. El partido se acelera e Inglaterra se encierra en bloque bajo con un 5-4-1 y deja de jugar. Scaloni va con todo y saca a Lautaro. Se suceden las ocasiones y de repente es sólo cuestión de tiempo que caigan los goles. Messi y sus cuarenta años y su clase se van al costado derecho y desde ahí organiza el juego. Otro palo de MacAllister, una de Nico Serrano. En un córner dejan toda la frontal del área vacía y Messi ve a Enzo totalmente solo y gol y cómo te encierras tanto para luego dejar la frontal vacía. Y con el empate ya estaban muertos. ¿Cómo es posible que esta gente montara un imperio y no sepa defender con cierto orden? Messi vuelve a acelerar y saca un centro ¡con la derecha! y gol de Lautaro. Se acabó. Me quedó la sensación de que Inglaterra se había suicidado por mezquina y cobarde y, también, que lo que hizo España al acabar el partido contra Francia con un rondo en campo contrario no es ni tan fácil ni tan habitual.
Tenemos final. Prefería Inglaterra, que en teoría era mejor equipo, porque sería enfrentarnos sólo a un partido de fútbol. Contra la Argentina entran muchos más factores futbolísticos y extra-futbolísticos. ¿Qué hay peor que un fascista u oligarca inglés en un palco? Un fascista que quiere ser inglés en un palco.
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“El Mundial que España no ganó.”
Diario radical de dos meses de fútbol.
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La Preventa:
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