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“No hay ningún Gran Hermano. El sistema se regula de manera automática. Depende de nuestro sentido de responsabilidad civil. Sin eso, la sociedad se derrumbaría. De hecho, puede haber empezado a derrumbarse.”1
Canadá – Bosnia a las nueve de la noche como plato fuerte del primer viernes del Mundial. El Mundial, como el Nobel de literatura, sirve para que prestemos atención a partidos, libros, a los que nos costaría acercarnos en otra situación. Estoy en el patio. Hace mucho calor y todo está muy seco. El riego está regulado para un mes de junio normal, con máximas de unos treinta grados y estamos teniendo un junio mucho más cálido. Salgo a cortar la melisa, que ha colonizado todo el huerto y está asfixiando a fresas, acelgas, apio y todo lo que encuentra a su paso. Regulo el riego y le doy más minutos a las zonas que lo necesitan: macetas y aspersores. Me entretengo haciéndoles fotos a las hortensias y las begonias que han florecido. A las macetas no les he puesto los platos debajo todavía, para que el agua no escurra y la maceta la absorba durante la noche. En invierno, hay que quitarlos porque al no haber evaporación, se pudrirían las raíces con las lluvias. Busco los platos y voy poniéndolos. La oreja de elefante –alocasia-- que me regaló Kopiberto y que creía que se había helado, ha brotado y tengo que trasplantarla. Dudo dónde poner al coleo y al final lo dejo donde está. Miro el emparrado y hace falta guiar algunas ramas y cortar otras. Tengo una jardinera pequeña de plástico con melisa porque el año pasado apenas sí tenía y quería una maceta como último recurso por si se secaban las del huerto y está enorme y la pongo debajo del estanquito, para que recoja las gotas de agua que a veces caen desde el filtro de arriba. No miro el reloj. Me asusta un poco ver lo seco que está todo. Milan me mira y espera, impaciente. Pienso en todo lo que hay que hacer en el patio con urgencia y en el tiempo que tengo. No importa. Voy a pasar mucho tiempo en casa. Todos los años llega la feria del libro y este año hemos viajado en la semana del Corpus y siempre se acumulan las cosas por hacer en primavera. Todavía no es verano. Ayer se cumplieron catorce años de la muerte de mi hermano, que siempre me llamaba por teléfono después de los partidos para comentarlos. Me pongo las zapas para salir al olivar y Milan me ladra, más nervioso todavía. Nos encontramos un terrier al poco de salir y Milan lo huele y sigue. Luego, a Curro, un pastor alemán de una vecina al que conozco desde que era un cachorro guapísimo y que es uno de los pocos pastores alemanes que no le dan pánico a Milan. Llego a casa y tengo un resto de ensaladilla con gambas del Puesto 43 para cenar. No es vegetariana pero está buenísima. He comido allí al mediodía, sólo y rápido, porque he salido muy tarde de la librería y he pedido que me pusieran para llevar lo que me había sobrado. Canadá va perdiendo. Gol de córner de Bosnia. Han jugado dos selecciones europeas –de las más flojas, es cierto-- y sólo han marcado dos goles de córner. Uno de los mayores activistas de la ultraderecha del mundo saca su empresa a bolsa –empresa que pierde dinero cada año-- y se convierte en el primer billonario. Un éxito, dicen El País, pero no explican para quién. Hace calor dentro de la casa. Pongo el ventilador. Canadá parece un equipo animoso de la Premiership que corre y corre y sacan un delantero grandísimo como si fuera la Alemania de los ochenta. Fallan varias ocasiones por falta de calidad. Pienso en qué pasaría si soltáramos a Pedri ahí enmedio. Se quedaría el balón y todos los de alrededor parecerían mejores. Ángel y Teresa están en un festival en Palencia y acaban de ver a Repión pero no me dan envidia porque, aunque me encanta Repión, no quiero salir de casa y aún menos viajar. La empresa que ha salido a bolsa habla de crear una colonia en Marte y del futuro de la IA. Están recogiendo beneficios de esta burbuja ya. Van a salir las demás empresas de IA al mercado, recoger beneficios y luego veremos qué hacemos con la IA. Los discos duros están muy caros y hace mucha calor. Marca Canadá. El público está lleno de gentes con camisetas rojas: nunca habían logrado un punto en un mundial. El entrenador de Bosnia tiene una pinta un poco desastrosa con una camiseta blanca debajo de la chaqueta tal vez demasiado grande, una extraña mezcla entre salir en Miami Vice y echar la tarde en un bar de tapas de Linares. Me acuesto y pongo la Pizarra de Quintana y me duermo y al rato me despierto y me arrastro hasta la TV con la esperanza de que Paraguay nos de una alegría y ya van perdiendo dos-cero. Veo el tres cero y recuerdo a Mijatovic –que sí que era bueno-- que tiraba siempre al ángulo superior. Me vuelvo a acostar, pongo el partido en la radio y me despierto de día. Veo el resumen y ha acabado cuatro a uno. Paraguay no ha hecho ni las cosas que hacían antes los paraguayos. Creo que Pochettino me cae bien aunque ha trabajado en varios de los peores sitios imaginables: le faltan Amazon, Airbnb y Über. En las gradas había una tremenda mayoría de estadounidenses felices y ataviados con lo que todos pensamos que ellos van a llevar. Algún paraguayo malencarado también, ¿cómo habrán entrado? ¿o simplemente está funcionando el darwinismo de aduana que sólo deja entrar a los ricos? Tengo la vela de los duelos encendida mientras escribo. No, fue en mayo. Doce años y un mes. La lantana está llena de flores naranjas. Han venido un par de gatos callejeros a comer a la ventana y Natacha los vigila.
1J. G. Ballard, “Milenio negro”; citado por Mark Fisher en “K-Punk, vol 1”.
“El Mundial que España no ganó.”
Diario radical de dos meses de fútbol.
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La Preventa:
https://www.editorialnazari.com/libro/el-mundial-que-espana-no-gano/
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